
Viernes, 30 de Abril de 2010
Más humanidad con los ancianos, hombre
Mi amiga Pepita, que ya tiene 87 años y una artrosis que casi le impide caminar, tuvo muy malos resultados en su último análisis de sangre, a juicio de su médica de Asisa, que la visita regularmente. Así que la doctora se lo preparó todo para que le hicieran pruebas de todo tipo mientras estaba, según le dijo, unos tres días en una clínica, la San Camilo, entrando por Urgencias.
Como ya digo que tiene muy limitada su capacidad de andar, una ambulancia la llevó a la clínica a las siete de la tarde. Llegada allí con su maletita, la pusieron en una silla y esperó su turno de atención. La médica que la atendió le preguntó desabridamente:
-Usted ¿por qué ha venido?
-Yo he venido porque la médica que me atiende siempre consideró que debían ingresarme para hacerme unas pruebas. Pero ¿es que no aparece en el informe que le traigo de su parte?
La doctora respondió:
- Yo lo que veo es que sus análisis indican que está usted estupendamente, mejor que yo.
- Pues deberían haberse puesto de acuerdo antes de traerme aquí- contestó Pepita.
Supongo que, por eso de hacer algo, le sacaron sangre para un análisis y la dejaron en espera de ambulancia para volver a su casa.
En esa espera, Pepita estuvo, con su maletita, sentada en la silla ¡¡hasta las dos de la mañana!! sin merecer el interés de nadie. No le ofrecieron un teléfono para que pudiera llamarme y yo fuera a buscarla y allí la dejaron, contemplando las escenas de otros pacientes de Urgencias que entraban y salían de los boxes.
Me estoy dando cuenta, por este caso y por otros que conozco, que cuando un anciano llega a Urgencias, lo tratan como "carne de segunda". He podido percibir yo misma la diferencia de trato a una persona joven o a una mayor. Hay demasiados tópicos que nos llevan a atribuir a los ancianos mal carácter, malas entendederas, excesiva lentitud, todo ello aderezado con la idea de que ya han vivido su vida y no merecen el gasto que causan.
Pero la vejez es una estación hacia la que todos viajamos, a la que casi todos llegamos, los médicos también. Si colaboramos a mantener una cultura de intransigencia con las carencias de los viejos, nosotros mismos seremos las víctimas un día nada lejano. Por favor, un poco de humanidad. Aunque sólo sea por propio egoismo.


