
Jueves, 11 de Marzo de 2010
Cantaremos juntos
Lo que más preocupa a un cuidador son las posibles alteraciones de conducta de su enfermo. Porque es mucho menos importante que no se acuerde de su pasado que el que presente síntomas psicóticos, muy difíciles de comprender y de aceptar con calma y afecto por parte de quien antes era su compañero o su hijo.
Y, sin embargo, esa es precisamente la clave: conseguir la calma suficiente para crear un ambiente de sosiego, de tranquilidad, de cariño, porque entonces el enfermo estará menos alterado que si vive con una persona estresada, ansiosa, nerviosa, descompuesta, y eso será beneficioso para todos en la casa. Para conseguirlo, hace falta tener muy clara la nueva situación, aceptar completamente que las cosas han cambiado, que quien era nuestro marido, esposa, padre o madre, ahora ha sufrido un cambio profundo y es una persona enferma que necesita nuestra ayuda para poder seguir viviendo; que ya no es el mismo, o la misma, ni volverá a serlo jamás. Y hace falta entrenamiento para saber qué hacer en cada situación que se presente, así como echar mano de todo el afecto que sentimos por el enfermo. Es decir, hay que situarse en un plano superior porque hay que tomar decisiones y obrar como si el que recibe nuestros cuidados fuera un hijo.
Si logramos hallar ese clima de aceptación de la realidad, obtendremos la paz y podremos administrarla a beneficio del enfermo y del cuidador. Encontraremos así un espacio en que compartir aún muchas cosas, un ámbito en que se puede reir, hacer ejercicios, bailar, escuchar música. Entonces, se irá la angustia y llegará la alegría. Y podremos cantar juntos .


